EL EFECTO FUNERAL O MUERTE EN EL MERCADO DEL ARTE

A raíz de los últimos resultados de las grandes casas de subastas – donde en poco tiempo hemos visto dos grandes records: el record de 110 millones de dólares en Sotheby’s con Untitled, 1982 de Jean Michel Basquiat pagado por el Japonés Yusaku Maezawa, o los 450 millones invertidos por el príncipe heredero Saudí Mohamed bin Salam en el Salvatore Mundi de Leonardo da Vinci en Christie’s hace apenas unas cuantas semanas – uno tal vez pueda preguntarse cómo puede ser que haya artistas que alcancen cifras tan astronómicas mientras que otros se mantienen en rangos de precios bastante más ¨razonables¨.

Este efecto, aunque sea una norma genérica que no se puede aplicar a todos los casos, responde a una regla denominada el “efecto de muerte”. Al igual que cualquier otra clase de mercado, la oferta y la demanda regulan los precios de los productos. De esta manera, esta norma en conjunto con el “efecto de muerte”, donde el precio de los artistas se va incrementando en una curva a medida que se van haciendo mayores, describiendo una espectacular subida en los últimos cinco años de vida, y casi una línea recta en vertical después de su muerte, produce resultados tan espectaculares como los mencionados.  El ¨efecto de muerte¨ impacta fuertemente los precios de los artistas. Su producción se ha terminado quedando ya solo su legado. En la valoración de un legado se estudian varios factores, desde la época más representativa y con mayor mercado hasta el número de obras totales. Artistas fallecidos jóvenes con menor producción, menor oferta, tendrán una mayor subida en el ¨efecto de muerte¨

Si bien es cierto que Leonardo da Vinci no es el ejemplo más claro en cuanto a este respecto, puesto que su valor tiene la base en que es uno de los artistas más afamados de todo el estudio de la historia del arte, el caso de Jean Michel Basquiat sí que nos ilustra bastante a este respecto.

Citando los estudios sobre el mercado del arte de los reputados economistas norteamericanos Robert B. Ekelund y John D. Jackson “el tradicionalmente concebido como “efecto funeral”, donde los precios suben, es en realidad observable únicamente en artistas vivos, y, únicamente en los últimos cinco años que anteceden a su muerte”, esto nos ayuda a explicar la subida de precios a corto plazo en artistas prominentes que han alcanzado determinadas edades.

No obstante, esta no es la única regla del mercado. La demanda de los artistas está influenciada por múltiples factores, tales como la recepción por parte de la crítica, las exposiciones en los museos y los coleccionistas e instituciones que posean trabajos de ese artista. En realidad, al margen de todo solo existe una regla que se impone sobre todas las demás: el artista que produce el trabajo (de ahí el fenómeno Basquiat o Da Vinci, considerados genios artísticos).

 

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LAS MAYORES VENTAS EN EL MUNDO DEL ARTE

En el año 1999, la obra del alemán Gerard Richter ‘Äbstraktes Bild’ (1986) se vendió en Sothebys por 607.500 dólares. La misma obra se vendió el pasado año por 46 millones de dólares. En 16 años el valor se ha multiplicado 76 veces.

Richter es el artista vivo europeo con el mayor récord en subasta. El líder de la lista es el norteamericano Jeff Koons. Su escultura de 10 metros ‘Orange Ballon Dog'(1994-2000) alcanzó los 58,4 millones de dólares en el año 2013.

Sothebys y Christies son las dos salas de subasta que mueven la mayor cantidad de obras modernas y contemporáneas al año. Hay que hacer una distinción entre artistas vivos y artistas muertos. Los récords que se consiguen con artistas vivos están basados en la originalidad de la obra pero también tienen un importante componente de inversión. Jeff Koons es un gran artista, pocos entendidos discuten su talento, sin embargo 58 millones es una cifra irreal para un artista vivo y detrás de esa cifra no hay solo coleccionistas sino galeristas interesados en que Koons alcance estos precios. Esto no es un fenómeno nuevo, desde siempre ha ocurrido. Rembrandt en el siglo XVII era conocido por ir a subastas donde había obras suyas y pujar para subir sus precios.
En el arte contemporáneo, cuando la obra de un artista joven sube mucho en poco tiempo, ello no constituye necesariamente un factor positivo, ya que es necesario para su correcta evolución que la demanda de su obra se mantenga. Las subidas en flecha muchas veces tienen un origen artificial y con frecuencia se desinflan. Un artista que sube progresivamente tiene un mercado mas lógico y ordenado. Sin embargo, una vez que un artista llega a la categoría de estrella como Richter o Koons el precio de una obra icónica lo pone el mayor postor, ya sea inflado por su propio galerista o su mejor coleccionista.

 

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